viernes, 29 de febrero de 2008

razones

No te quiero por tu cara
ni por tus besos y abrazos.
No te quiero por las risas,
menos aún por los llantos.

No te quiero en lo platónico
ni tampoco en lo mundano.
Te quiero porque eres montaña,
te quiero porque eres llano.

No son tus ojos luceros
ni tus labios de rubíes,
ni es tu piel de blanca seda
ni tu voz la de violines.

Son tus manos de fe y de campo
y tus labios de indócil grito.
Son tus ojos pregunta y querella,
son tus puños resguardo y reto.

No te quiero color de rosa
pero sí en tonos de rojo.
Tonos de lucha, amor y esperanza,
dolor, justicia y también enojo.

Te quiero porque eres tierra,
porque eres pueblo y anhelo.
Porque eres Revolución,
es por esto que te quiero.

Yo

domingo, 17 de febrero de 2008

frustración borgiana

Estoy releyendo El Aleph de Borges, (suelo releer los libros que me gustan, en especial éste, y cada vez que lo leo me parece estar leyéndolo por primera vez.) El caso es que llegué al cuento llamado La casa de Asterión y mi memoria revivió un momento de frustración. Hace no mucho tiempo, un maestro del cual no guardo cariño ni respeto alguno, nos pidío que analizáramos el relato en un escrito muy breve. Yo, entonces todavía responsable y cumplidora de mis deberes, hice lo indicado. Me detuve a leerlo y a pensar cómo entendía yo lo que Borges quiso decir. Para empezar, parto de la idea de que es prácticamente imposible saber realmente lo que un autor quiso decir, y en especial si hablamos de Borges. Pero bueno, ya de entrada faltando a todo el respeto que merece este gran autor argentino, me dediqué a analizarlo y resumir mi análisis a lo más básico. Para mi sorpresa, llegué a un análisis a mi gusto interesante, aunque evidentemente simple. En realidad me pareció que valía la pena compartir este análisis, (aunque no tengo idea si tiene algo que ver con lo que Borges quiso decir). Para mi desepción, cuando llegué al salón, dispuesta a discutir con mis coetáneos compañeros la cuestión, el imbécil (que se me perdone la expresión) de mi "profesor", dio una conclusión de lo más ridícula. No se diga nada más ridícula, me pareció alarmante, fuera de lugar, y una tremenda falta de respeto para el autor. Si de por sí hablar de Borges se me hace cosa delicada, que un pelafustán lo reduzca a una nimiedad me parece de dar susto. En fin, no vale más la pena hablar del pazguato de mi maestro. He decidido, para aliviar mis frustraciones, expresarme. Así que les comparto un fragmento del breve pensamiento que partió de la lectura de La casa de Asterión, y que independientemente de su relación con el cuento se basa en un argumento simple y sensato.

(Dejando a un lado la relatividad del "mal" que señala el cuento, escribo el fragmento que me pareció de mayor relación con la arquitectura, que han de saber, es la carrera que estudio).

"En cuanto a la relación casa-habitante, creo que el significado es más profundo y más filosófico. Asterión vive en un laberinto desértico, con puertas y galerías infinitas. Pero el laberinto quizá no es laberinto, ni tampoco desértico, es talvez Asterión quien es laberíntico y desértico. Y el laberinto, a pesar de tener las puertas abiertas, es una prisión para el minotauro porque es prisionero de su propio yo. Con esto quiero decir que para el hombre perdido en si mismo, el espacio verdaderamente será un laberinto infinito. Así como para el hombre mesurado, el mismo espacio siempre estará delimitado. Por ende, la concepción del espacio es totalmente subjetiva. Entonces, el espacio es en sí el hombre que lo vive, y sólo a través de ese hombre existe ese espacio, y a través de ese espacio existe ese hombre."

lunes, 4 de febrero de 2008

tango cambalache

Me gusta mucho el tango, así que me tomo la libertad de compartirles un clásico de Enrique Santos Discépolo, que año con año se vuelve más oportuno y acertado....

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé...
En el quinientos seis,
¡y en el dos mil también!
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublés...
Pero que el siglo veinte (y veintiuno)*
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
Ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador.
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón...

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignon,"
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martin...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches,
se ha mezclao la vida
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
contra un calefón.

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!
El que no llora, no mama,
y el que no afana es un gil.
¡Dale nomas! ¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
No pienses más,
sentate a un lao.
Que a nadie importa
si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labora
noche y día, como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata o el que cura
o esta fuera de la ley.


*el agregado es mío..con respeto para Don Enrique...